Conflicto en Medio Oriente, Impacto en el petróleo y redefinición de la distribución física internacional
- Lic, Juan Ignacio Basterra

- hace 1 día
- 5 Min. de lectura
El escenario geopolítico en cuanto al impacto en el petróleo en Medio Oriente durante el primer trimestre de 2026 volvió a posicionar a la logística global en un estado de alta vulnerabilidad. La escalada del conflicto, con foco en el estrecho de Ormuz, no sólo generó una disrupción en el suministro energético, sino que también expuso la dependencia estructural del sistema logístico internacional respecto de variables externas como el precio del petróleo, la seguridad de las rutas y la estabilidad política.
Desde una mirada de supply chain, el fenómeno trasciende la coyuntura: estamos frente a un evento que reconfigura costos, redefine estrategias y acelera transformaciones en la distribución física internacional (DFI).

El petróleo como variable crítica en la ecuación logística
El incremento del precio del petróleo (alcanzó subas cercanas al 55% en el primer mes del conflicto) impacta de forma directa en todos los modos de transporte. En términos logísticos, el combustible no es simplemente un insumo más: es un componente estructural del costo total.
En el transporte marítimo, el aumento del bunker fuel se traduce rápidamente en recargos adicionales aplicados por las navieras, que buscan trasladar el riesgo operativo y financiero a la carga. A esto se suman nuevos cargos vinculados a la seguridad de las rutas, especialmente en zonas consideradas de alto riesgo.
En el transporte aéreo, la situación es aún más sensible. El combustible representa una proporción significativa del costo operativo de las aerolíneas, por lo que escenarios con petróleo por encima de los USD 100-110 generan ajustes casi inmediatos en tarifas. Esto repercute directamente en las cadenas logísticas que dependen de la velocidad, como productos farmacéuticos, electrónicos o cargas de alto valor.
Por su parte, el transporte terrestre evidencia un traslado más gradual pero sostenido del aumento de costos. La suba del gasoil impacta en toda la distribución, amplificando el efecto inflacionario y reduciendo márgenes operativos.

El estrecho de Ormuz como chokepoint logístico global
El estrecho de Ormuz se consolida como uno de los principales cuellos de botella del comercio internacional. Por este corredor transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial, lo que lo convierte en un nodo crítico no solo energético, sino también logístico.
Las tensiones recientes introdujeron múltiples factores de riesgo:
Posibles interrupciones del flujo marítimo.
Incremento de primas de seguros por riesgo de guerra.
Desvíos de rutas hacia trayectos más largos y costosos.
Evaluación de medidas como peajes o restricciones al tránsito.
Para los operadores logísticos, esto implica una redefinición de prioridades. La eficiencia cede lugar a la gestión del riesgo como variable dominante. La confiabilidad de las rutas se vuelve tan relevante como su costo.
Impacto directo en la distribución física internacional (DFI)
La DFI se ve afectada en múltiples dimensiones que exceden el incremento tarifario. El impacto es sistémico y se manifiesta en:
1. Aumento de costos logísticos totales
No solo crecen los fletes, sino también los costos asociados: seguros, recargos operativos, almacenamiento y financiamiento de inventarios.
2. Mayor incertidumbre en los lead times
Los desvíos de rutas y la congestión en corredores alternativos generan variabilidad en los tiempos de tránsito, afectando la planificación y los niveles de servicio.
3. Incremento del capital inmovilizado
El aumento de inventarios en tránsito y la necesidad de stock de seguridad elevan los costos financieros, impactando en la rentabilidad de las operaciones.
4. Complejidad en la toma de decisiones
Las empresas deben incorporar variables geopolíticas en su planificación logística, lo que exige mayor capacidad analítica y monitoreo permanente del entorno.

Reconfiguración de las redes logísticas y comerciales
Uno de los efectos más relevantes del conflicto es la aceleración de procesos de reconfiguración de las cadenas de suministro. Entre las principales tendencias se destacan:
Diversificación energética:
Países y empresas buscan reducir su dependencia de Medio Oriente mediante contratos alternativos de GNL y nuevas fuentes de abastecimiento.
Rediseño de rutas comerciales:
Se priorizan corredores más seguros, aunque impliquen mayores costos.
Regionalización de la producción:
El nearshoring y el friendshoring ganan relevancia como estrategias para mitigar riesgos.
Nuevas alianzas comerciales:
Regiones como América Latina y África comienzan a posicionarse como alternativas en un escenario global más fragmentado.
Este proceso implica un cambio de paradigma: la eficiencia basada exclusivamente en costos pierde terreno frente a modelos que priorizan resiliencia y continuidad operativa.
Implicancias para Sudamérica
Para Sudamérica, el impacto del conflicto presenta características particulares. La región combina una alta dependencia de los costos logísticos internacionales con estructuras internas donde el transporte terrestre tiene un peso significativo.
Entre los principales desafíos se encuentran:
Aumento del costo logístico total, con impacto directo en precios internos.
Presión sobre sectores exportadores que ven incrementados sus costos de flete.
Mayor volatilidad macroeconómica asociada al precio de la energía.
Sin embargo, también surgen oportunidades estratégicas:
Posicionamiento como proveedor alternativo de alimentos y energía.
Desarrollo de corredores logísticos regionales menos expuestos a conflictos globales.
Potencial fortalecimiento de procesos de integración regional (MERCOSUR y acuerdos interregionales).
En este contexto, la logística deja de ser un área operativa para convertirse en un eje estratégico de competitividad.
De la eficiencia a la resiliencia: el nuevo paradigma logístico
El conflicto en Medio Oriente evidencia una tendencia que ya se venía consolidando: la necesidad de construir cadenas de suministro más resilientes.
Esto implica:
Diversificar proveedores y rutas.
Incorporar herramientas de análisis de riesgo geopolítico.
Aumentar la flexibilidad operativa.
Replantear el balance entre costo y seguridad.
Las empresas que logren anticiparse y adaptarse a este nuevo entorno serán las que puedan sostener su competitividad en un contexto global cada vez más incierto.
Esto no es nuevo. Para todos aquellos que nos desempeñamos en áreas relacionadas a la Logística Internacional, sabemos que la diversificación, el análisis, la flexibilidad y vivir “recalculando” es el ABC de nuestro trabajo.
Sin embargo, momentos críticos e inestables como el que nos toca, nos obliga a ser aún más creativos y eficaces con las herramientas que tenemos.
Es necesario gestionar la volatilidad en el corto plazo y, al mismo tiempo, rediseñar estrategias logísticas que permitan operar en un entorno donde la incertidumbre ya no es la excepción, sino la regla.
Poco tiempo atrás fue el conflicto entre Ucrania y Rusia, iniciamos el año con la situación en Venezuela, después las amenazas sobre Groenlandia, ahora el estrecho de Ormuz y el Medio Oriente en general y, probablemente, después pueda existir otro conflicto. Por lo tanto, no sólo debemos ser efectivos para poder transcurrir de la mejor manera, sino que debemos saber capitalizar la experiencia para que los próximos conflictos que se avecinen no nos tomen desprevenidos.
La logística del futuro no será la más eficiente en términos de costos, sino la más robusta frente a la disrupción.


